Sígueme, princesa

domingo, 27 de abril de 2014

Si no me puedo atracar, no quiero comer.

Hoy me sucedió algo.
Bueno, desayuné, como siempre, medio café cortado con leche semidesnatada, y pasé toda la mañana sin recordar si quiera que la comida existe. Vino mi hermana, y a las 2 se fue. ¿Recuerdan que mi papá está en Francia unos meses, trabajando? Mi mamá me dijo "si fueras como tienes que ser, ahora te arreglarías y saldrías a comer, a mi me apetecen unos chipirones". Yo llevo tres días sin ducharme por pura debilidad y vagancia. Primero le puse pegas del tipo "es que luego me siento muy culpable" o "ayer me comí casi una bolsa de papas yo sola". Pero luego recordé el buffet japones que hay en un lugar de mi ciudad, que es como un distrito comercial llamado Las Gavarres, y no me pareció mala idea. Pensé que podría hincharme y comer y comer, y ya haría ayuno tres días como antes, cuando me atracaba. Le dije que mejor iríamos a cenar, que así me daba tiempo a ducharme, y ella me dijo que no, que iremos a cenar a casa de mi hermana. Pero no quiero. Porque si no puedo atracarme, no quiero comer, esa fue mi conclusión. Porque si no como, no tengo hambre, y sí me pongo a comer, y como poco, no me quedo satisfecha, y no puedo parar de buscar comida hasta atracarme. Y a veces me dura días. Y si voy a cenar a lo de mi hermana, comeré calorías en vano, luego ni siquiera podré vomitar ni me quedaré satisfecha.
Mi mamá se enojó y me dijo que si no quería comer, no comiera, así que llevo desde las 2 en la cama, son las 5 y acabo de bajar al salón. Y ella está dormidita. Tal vez debería ir a cenar a lo de mi hermana, y así a lo mejor le apetece ir mañana a cenar al buffet. Solo tengo que cenar y decir no quiero más a los dos tragos de comida. Y beber agua, y vomitarlo. Porque si llego y ceno, luego al volver a casa ceno más hasta atracarme. No conozco la fina línea entre comer y atracarme.

Lo peor de todo es que no tenía hambre hasta ahora.

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